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POR EQUIPO TÉCNICO DE BEDOYA Y VENERO
Organización de Ingeniería y Gestión Ambiental
¿Sabías qué?, Para la producción de solo un polo de algodón, se emplean casi 2700 litros de agua, cantidad equivalente a lo bebido por una persona en un periodo de dos años y medio (1). Asimismo, para la fabricación de poliéster, fibra más usada para hacer ropa en el mundo, se usan 70 millones de barriles de petróleo en ella, del mismo modo, si se usan fibras como rayón, viscosa o lyocell se necesitarían talar 70 millones de árboles para producirlas (2).
Como se menciona en el párrafo anterior, se necesitan muchos materiales para la fabricación de distintas prendas. En el año 2015, tan solo el 2% de la materia prima usada para la producción de prendas fue reciclada y más del 97% es materia prima virgen, del cual el 63% está compuesto de plástico, el 26% de algodón y 11% de otros materiales. En ese mismo año se generaron 53 millones de toneladas de fibras para la producción de ropa, de las cuales el 12 % fueron mermas. Por otro lado, la operación de lavado de textiles generó aproximadamente 0.5 millones de toneladas de microfibras de plástico que son normalmente vertidos al mar. Respecto a la disposición final de los residuos, el 73% fue llevado a vertederos o fueron incinerados; el 12% fue destinado a reciclaje de materia para otras aplicaciones de menor valor, como material aislante, paños de limpieza o relleno de colchones; el 2% se perdió durante la recolección y procesamiento para su reciclado; y menos del 1% cumplió con el ciclo completo de reciclaje (3).
Los altos niveles de producción de la industria textil debido al modelo consumista actual afectan de manera negativa al medio ambiente. Según la Fundación Ellen Mac Arthur (2017) entre los años 2000 y 2015 la producción ropa se duplicó, mientras que el uso de
prendas antes de dejar de usarse disminuyó poco más del 35%. Asimismo, este modelo de negocio conocido como fast-fashion conlleva a la contaminación ambiental de distintas formas. En cuanto a la generación de emisiones, la industria de la moda en el año 2018 generó aproximadamente 2.1 mil millones de toneladas de gases de efecto invernadero(GEI) representando el 4% de las emisiones globales totales (4). Por ejemplo, el transporte, fabricación y lavado en la producción de una prenda genera 33.4 kg de carbono equivalente (5). Por otro lado, a nivel mundial se generan aproximadamente 92 millones de toneladas de residuos textiles al año, que equivale a la disposición final de un camión de basura cada segundo. Adicionalmente el 87% de las fibras que se emplean para confeccionar ropa es incinerada o termina en un vertedero y el 60% son desechados antes de haber cumplido un año de fabricación (6), lo que trae como consecuencias el incremento de las áreas degradadas por residuos sólidos, como en el caso del desierto de Atacama en chile, el cual alberga hasta 59 000 toneladas de ropa usadas, de las cuales casi 30 % son usadas para su reventa en Latinoamérica ocasionando un riesgo para la salud , ya que estas prendas aún contienen tintes y sustancias tóxicas que no se degradan con facilidad (7). Adicionalmente, las fábricas textiles generan efluentes difíciles de tratar, los cuales alteran la calidad de los cuerpos de agua como ríos, lagos y los océanos. Un claro ejemplo de este problema es lo que viene sucediendo con China, donde se estima que el 70 por ciento de los ríos y lagos están contaminados por los 2 500 millones de galones de aguas residuales que produce la industria textil (8).
Cabe resaltar que los productos textiles son mayor fuente de microplásticos en el mundo. El 85% de los microplásticos que se encuentran en el océano provienen de las fibras textiles, representando un riesgo para la biodiversidad marina y las cadenas tróficas, y pudiendo afectar la salud de las personas no solo por la acumulación de microplásticos sino también por las sustancias tóxicas que estos poseen en su composición (9).
La solución para los problemas que ocasiona la industria de la moda, se centra en el desarrollo de un modelo que se base en la economía circular, permitiendo obtener ingresos a partir de la producción de prendas que estén diseñadas para un mayor tiempo de uso y que a su vez estén aptos, al final de su uso, para el rediseño y reciclado. Según la Fundación Ellen MacArthur (2021), las estrategias que comprenden el alquiler, reventa, rediseño y reparación tienen el potencial de crecer de 3.5% del mercado de la moda mundial a 23% hacia 2030, representando una oportunidad de 700 miles de millones de dólares, y un potencial de reducir una tercera parte de las emisiones GEI para colocar a la industria de la moda en el camino de los 1.5°. Esto equivaldría alrededor de 340 millones de CO2eq anualmente hacia 2030, más que los gases de efecto de invernadero producido anualmente por Tailandia o Francia. Asimismo, se debe incentivar el consumo responsable al cliente de optar por productos que vayan en armonía con el cuidado del medio ambiente y en el que se desarrollen redes de suministro eficaces con el apoyo de la tecnología digital (10).
Por otro lado, en el Perú ya existen iniciativas enfocada en una economía circular para la industria de la moda, tal es el caso de Circular que elabora sus prendas a base de algodón reciclado, hilos deadstock (sobrantes de la industria) y además permite intercambiarla por una nueva a un menor precio. La adquisición de esta camiseta de marca peruana, en comparación a las que se encuentran en las tiendas de moda rápida, permitirá ahorrar alrededor de 420 litros de agua, promoviendo la circularidad en la industria textil (11). Otra iniciativa peruana es el de “Las Traperas”, este proyecto genera formas de recirculación de ropa que ya no se usa y hasta el momento han logrado recircular aproximadamente 13 mil kg de ropa, además del ahorro de 13 millones de galones de agua y ha evitado la emisión de aproximadamente 14 mil kg de CO2 (12). “Admelss” es otra empresa de moda sostenible que trabaja con fibras y pigmentos naturales para el diseño y teñido de las prendas, además brinda oportunidad laboral a artesanos locales de las regiones en la que trabaja (13). Asimismo, en la industria de calzado peruano, existen iniciativas como la de “Evea” donde se producen suelas de caucho silvestre a partir de látex generado sin la tala de árboles y donde se respeta los ciclos de los mismos, y con el que se ha logrado conservar 2 723 hectáreas de bosque y además se plantaron 3 540 árboles de caucho silvestre (14).
Fuentes:
1: Noticias Parlamento Europeo. El impacto de la producción textil y de los residuos en el medio ambiente (29-12-2020). Disponible en: Enlace
2: BBC mundo. ¿Sabes cuál es la industria más contaminante después de la del petróleo? (12-03-2017) Disponible en: Enlace
3: Fundación Ellen MacArthur (2017). A New Textiles Economy: Redesigning fashion’s future. Disponible en: Enlace
4: Fashion on Climate. Global Fashion Agenda (2018). Disponible en: Enlace
5: Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (2018). ¿Sabes lo que hay en tus jeans? Disponible en: Enlace
6: BBC Future (12-07-2020). Why clothes are so hard to recycle Disponible: Enlace
7: Aljazeera (2021). El vertedero del desierto de Chile para las sobras de la moda rápida. Disponible en: Enlace
8: Documental River Blue (2021). Disponible en: Enlace
9: Gabriela A. Vázquez Rodríguez (2019). Los microplásticos textiles (o la increíble historia de cómo tu suéter termina en el salero). Disponible en: Enlace
10: Fundación Ellen MacArthur (2021). Circular business models: Redefining growth for a thriving fashion industry. Disponible en: Enlace
11: El Comercio (2020). ¿Intercambiaría la prenda que compraste por una nueva? En esta marca peruana es posible. Disponible en: Enlace
12: Las Traperas (2021) Disponible: Enlace
13: Admelss (2019). Disponible en: Enlace
14: Evea Ecofashion (2018). Disponible en: Enlace
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POR MARCO ANTONIO TINOCO VENERO
Ingeniero Ambiental y de Recursos Naturales
El Ministerio de Economía y Finanzas desarrolla y dirige anualmente el Programa de incentivos a la mejora de la gestión municipal, el cual está vinculado al presupuesto por resultados de varios sectores; en el Sector Ambiente se cuenta con la Meta 03 de este programa, denominada «Implementación de un sistema integrado de manejo de residuos sólidos municipales» a partir de la cual se ha asignado un total de 106 millones de soles a 658 municipalidades que cumplieron esta meta, mientras que 87 no lograron cumplirla (1), el monto más elevado asignado a una municipalidad fue de casi 3 millones de Soles (a la Municipalidad Metropolitana de Lima) y 81 de estas recibieron el monto mínimo cercano a los 38 mil soles (2); estos incentivos vienen cumpliendo un conjunto de finalidades, ya que no solamente permiten la escalabilidad de los programas de segregación en la fuente y recolección selectiva (muchas veces conocidos como los programas municipales de reciclaje), la incorporación de recicladores, la optimización del servicio de limpieza pública y la reducción de emisiones mediante la valorización de residuos orgánicos y la valorización de residuos sólidos.
El contraste de este esfuerzo hecho por el Estado se manifiesta cuando vemos que la brecha de población atendida por un servicio de limpieza pública adecuado en el interior del país (si sacamos a Lima Metropolitana y Callao) es cercana al 90% (3), es decir 9 de cada 10 peruanos en el interior del país no accede a un adecuado servicio de limpieza pública. El Perú viene haciendo esfuerzos por el cierre de esta brecha desde hace más de 11 años mediante fondos de cooperación (es decir con dinero prestado), sin embargo, la realización y puesta en marcha de rellenos sanitarios es bastante lenta, principalmente debido a que los funcionarios se topan con una gran barrera cuando se requiere lograr el saneamiento físico y legal de los terrenos para dichas infraestructuras, ya sea porque existen conflictos internos en los titulares (comunidades campesinas o terceros) y luego porque las poblaciones (colindantes o a veces ubicadas a algunos kilómetros pero interesadas en el proceso) no desean tener un relleno sanitario cerca o algunas pretenden beneficiarse del proyecto y plantean demandas inviables ya sea de realización de proyectos vinculados o incluso, en algunos casos de reconocimientos económicos, como es el caso del proyecto de relleno sanitario, que tuvo que detenerse desde el 2018 hasta la actualidad.
En tal sentido, la realización de rellenos sanitarios, tanto por oposición de la población como por las dificultades de lograr el saneamiento físico y legal ha sido siempre ralentizada, volviéndose muchas veces inviable.
Es importante tomar en cuenta que el servicio de limpieza pública consta de diversas operaciones y procesos, sin embargo, venimos asumiendo que la infraestructura principal, que asegura el cierre de brechas para la atención de la población es únicamente el relleno sanitario, cuando posiblemente estemos promoviendo la infraestructura equivocada.
La inversión en instalaciones e infraestructuras de valorización de residuos sólidos municipales está sujeta actualmente a la sostenibilidad económica que se proyecte en su operación y del mismo modo su escalabilidad, considerándose además opcionales en los sucesivos instrumentos de la Programación Multianual de Inversiones del Sector Ambiente (4), esto contradice evidentemente lo establecido en el Decreto Legislativo N° 1278 (5), que en su artículo 24 establece que los gobiernos locales deben implementar programas de segregación en la fuente y recolección selectiva en la totalidad de su jurisdicción.
Los rellenos sanitarios no solamente se enfrentan a una oposición constante de la población, sino que terminan siempre en una reducción de la capacidad de uso del suelo utilizado y muchas veces de las áreas circundantes, sumándose a esto la casi inexistente definición de los gobiernos locales provinciales en cuanto a la compatibilidad de uso de suelos para la definición de sus emplazamientos.
El enfoque de la generación de valor público del servicio de limpieza pública viene dado principalmente por la preservación de la salud de las personas y la preservación de los servicios ecosistémicos; si comparamos a los rellenos sanitarios con las instalaciones de acondicionamiento (o áreas de acondicionamiento) y las infraestructuras de valorización de residuos sólidos, evidentemente estas últimas permiten la preservación de los servicios ecosistémicos (del suelo por ejemplo que por el contrario, en el caso de los rellenos sanitarios queda casi inutilizable e inhabitable) y la preservación de la salud, ya que se evita la disposición final (de plásticos por ejemplo) y se propicia una estabilización de residuos orgánicos más segura y limpia.
Lo anterior nos permite cuestionarnos ¿Por qué seguimos insistiendo en construir más rellenos sanitarios pese a la clara oposición de la población y las barreras de todo tipo para lograr la titularidad de los terrenos? y ¿Por qué la política pública de incrementar y lograr la implementación de programas de reciclaje (6) dada mediante una Ley se ve vulnerada y contradicha mediante el instrumento que justamente define y operativiza las inversiones en el Subsector Residuos Sólidos?.
La generación de valor público del servicio de limpieza pública requiere que se enfoque como principal afectado al ciudadano y la definición de los indicadores de brecha que midan tal atención en función de las operaciones y procesos que generan justamente dicho valor, de lo contrario seguiremos insistiendo en la infraestructura equivocada.
Fuentes:
1: Ministerio de Economía y Finanzas, Resolución Directoral N° 0006-2022-EF/50.01, marzo 2022
2: Ministerio de Economía y Finanzas, Resolución Ministerial N° 097-2021-EF/50, marzo 2021
3: Ministerio del Ambiente, Diagnóstico de Brechas, enero 2022
4: Resolución Ministerial N° 051-2022-MINAM
5: Modificado por el decreto Legislativo N° 1501
6: Comúnmente los programas de segregación en la fuente y recolección selectiva son llamados programas de reciclaje, sin embargo, se hace especial anotación sobre su correcta denominación.
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POR MARCO ANTONIO TINOCO VENERO
Gerente General de Bedoya y Venero
La demanda y producción de plástico a nivel mundial crece diariamente, tan solo en el año 2019 se han producido casi 370 millones de toneladas (1). Asimismo, estos materiales se convierten en un problema cuando ya no tienen utilidad y son catalogados como residuos, sumándose a la gestión inadecuada de estos, provocando la afectación al ambiente y la salud.
El informe Breaking the Plastic Wave señaló que en un escenario sin tomar alguna medida o Business As Usual (BaU), la existencia de residuos plásticos que son gestionados inadecuadamente se incrementará de 91 millones de toneladas en el año 2016 hasta aproximadamente 239 millones de toneladas al año 2040 (2.6 veces la cantidad de residuos plásticos existentes). Adicionalmente, el informe menciona que en ese mismo periodo, la generación de residuos plásticos se duplicará, en tanto que la cantidad de plástico vertido al océano prácticamente se triplicará y la cantidad de plásticos existente en los océanos superará el cuádruple para el mismo periodo evaluado (figura 1).
Figura 1. Proyecciones del escenario base para indicadores fundamentales de plástico
Fuente: Systemiq, 2020
Respecto a la contaminación por plásticos, la Organización de las Naciones Unidas (ONU) mencionó que al año 2050 habrá más plásticos que peces en términos de peso, originando una gran preocupación en los países miembros de los principales organismos internacionales, que tienen como responsabilidad la regulación de las actividades que comprenden la cadena de valor del plástico. Asimismo, diversas especies como el albatros se han visto amenazadas por la presencia de residuos plásticos en los litorales, incluso se ha evidenciado la presencia de microplásticos en especies marinas de la Antártida. Sin embargo, el impacto en los ecosistemas marinos no solo se manifiesta desde un punto de vista paisajístico, sino también en un nivel económico, ya que se necesitaría más de 11,000 millones de euros para su recuperación (2).
Por otro lado, se llegó a identificar la presencia de 12 tipos de fragmentos de micro plásticos (de 5 a 10 μm de tamaño) en placentas humanas que posiblemente hayan podido llegar a través de las vías respiratorias o la alimentación. Adicionalmente, un estudio realizado por investigadores del Reino Unido señaló que una persona promedio ingiere 70,000 microplásticos cada año. Sin embargo, no se ha demostrado aún los efectos negativos de los plásticos en la salud de las personas, a pesar de que algunos tipos de plásticos, tales como envases de alimentos, juguetes para niños y otros artículos presentan perturbadores endocrinos o EDC´s en su composición, los cuales afectan la salud provocando cambios biológicos como la alteración del equilibrio hormonal y el desarrollo embrionario. De igual forma, pueden ocasionar la afectación del sistema neurológico y el sistema reproductor.
A nivel nacional, el Ministerio del Ambiente del Perú (MINAM) en el 2018 señaló que se usaron casi 3,000 millones de bolsas al año, que viene a ser 6,000 bolsas de plástico por minuto, teniendo a Lima Metropolitana y Callao como los mayores generadores de residuos plásticos, representando el 46% de la generación total a nivel nacional.
Por otro lado, en cuanto a instrumentos legales, el Perú cuenta con la Ley N° 30884, cuya finalidad es reducir el consumo de plásticos de un solo uso y reemplazarlos por otros insumos que no generen impactos adversos al ecosistema y a la población. Asimismo, algunas organizaciones del sector privado han suscrito acuerdos de producción limpia (APL) individualizados, con el fin de promover el uso eficiente de los materiales y la adecuada gestión de los residuos sólidos incluyendo a los plásticos (3).
Pese a que se cuenta con la Hoja de ruta hacia una economía circular en el Sector Industria el proceso de eliminación del plástico existente en los ecosistemas y espacios marino costeros es un proceso lento, un ejemplo de ello es la exploración hecha en cuatro playas arenosas de la costa peruana, en las cuales se encontraron fragmentos de plástico duro mayores a 1 mm en más del 80% de las muestras realizadas (4), del mismo modo se ha evidenciado la presencia de microplásticos en muestras de agua y sedimentos de los Pantanos de Villa (5).
Existen muchas alternativas para reducir los efectos del plástico sobre los ecosistemas y la salud de las personas, sin embargo, pocas investigaciones abarcan el ciclo de vida del plástico y proponen soluciones tanto para la parte alta y baja de la cadena de valor de este material; Por ello el informe Breaking the Plastic Wave planteó el Escenario de Cambio de Sistema (ver figura 2), señalando que al año 2040 se podría reducir hasta el 80% la cantidad de plástico vertido a los océanos a través de la implementación de 8 intervenciones complementarias. Adicionalmente, se ahorrarían hasta 70 mil millones de USD, se crearían más 700,000 empleos y se reducirían las emisiones de Gases de Efecto Invernadero en 25% en el 2040 en comparación al escenario de línea base de la cadena de valor del plástico.
Figura 2. Escenario de Cambio de Sistema para la reducción de la contaminación por plástico
Fuente: Systemiq, 2020
Como se observa, es posible una reducción del 40% de residuos de plástico (parte baja de la cadena) a partir de la gestión adecuada de residuos sólidos y una reducción de hasta el 30% de residuos de plástico mediante la eliminación de la producción y el consumo, la reutilización y la implementación de nuevos modelos de prestación que sustituyan al plástico (parte alta de la cadena).
Todo este panorama nos hace identificar la necesidad de plantear ejes estratégicos respecto a la gestión del plástico enmarcados en la Política Nacional de Competitividad y Productividad, así como en la Política Nacional de Residuos Sólidos; asimismo, resulta impostergable la realización de estrategias comunicacionales orientadas a la disminución del consumo de plásticos, que incluya la sustitución de estos materiales por aquellos que permitan migrar hacia un modelo económico circular.
(1) Plastics – the Facts 2020 An analysis of European plastics production, demand and waste data. Disponible en: https://www.plasticseurope.org/application/files/5716/0752/4286/AF_Plastics_the_facts-WEB-2020-ING_FINAL.pdf
(2)The environmental impacts of plastics and microplastics use, waste and pollution: EU and national measures. Disponible en: https://www.europarl.europa.eu/thinktank/en/document.html?reference=IPOL_STU(2020)658279
(3)Nota de prensa: Acuerdos de Producción Limpia entre el Minam y empresas privadas promueven la economía circular. Disponible en: https://www.gob.pe/institucion/minam/noticias/214671-acuerdos-de-produccion-limpia-entre-el-minam-y-empresas-privadas-promueven-la-economia-circular
(4)Presencia de microplásticos en cuatro playas arenosas de Perú. Disponible en: http://www.scielo.org.pe/scielo.php?script=sci_arttext&pid=S1727-99332017000100012
(5) Caracterización de microplásticos en agua y sedimentos en los humedales Los Pantanos de Villa, Chorrillos, Lima, Perú. Disponible en: https://repositorio.cientifica.edu.pe/handle/20.500.12805/1386
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POR MARCO ANTONIO TINOCO VENERO
Gerente General de Bedoya y Venero
El día mundial del reciclaje ha sido conmemorado este lunes, 17 de mayo, luego de 12 años de promulgada una Ley que Regula la Actividad de los Recicladores [1] (por el nombre, enfocada en un solo actor de la cadena) y a 12 años de la creación del Ministerio del Ambiente.
De acuerdo al estudio de Línea Base de la Coalición para el Cierre Progresivo de los Basurales en América Latina y El Caribe (PNUD) [2] , la tasa más alta de reciclaje, la tiene Colombia, con casi 10%, y una de las más bajas, Brasil, con 1.09% sin embargo, solamente hablando de residuos sólidos municipales y en función de los programas de segregación en la fuente y recolección selectiva implementados en el país en el marco de un programa de incentivos a las municipalidades [3], la tasa de reciclaje formal en el Perú es de 1.08% (la más baja en América Latina y El Caribe), frente a esto cabe preguntarnos:

Como vemos nos quedan más dudas que respuestas y más basura en los rellenos sanitarios y en los botaderos (áreas degradadas por residuos sólidos). De acuerdo a los indicadores de brechas del Sector Ambiente [4], realizado en el marco del Invierte Pe, la brecha de disposición final de residuos sólidos al 2020 fue de 58.63% en el año 2020, es decir que basados en la disposición final de residuos en rellenos sanitarios, solamente el 41.37% de los peruanos accede a un servicio adecuado de limpieza pública, si este indicador lo aplicamos al interior del país, vemos que la brecha (sin incluir a Lima Metropolitana y Callao), se vuelve del 92%; adicionalmente, la Ley Orgánica de Municipalidades (en sus tres versiones, 1981 [5], 1984 [6] y 2003 [7]), establece el modelo mediante el cual, solamente las municipalidades tienen la responsabilidad exclusiva sobre el servicio de limpieza pública, lo cual genera la siguiente pregunta:
No hemos hablado aún del potencial para reducir emisiones y de los costos sociales que eso reduciría. Pero la valorización de residuos sólidos (incluyendo al reciclaje), es una alternativa no solamente para extender la vida útil de los materiales y aprovechar al máximo su valor (lo que define en parte a la economía circular), sino también para reducir emisiones y generar empleo. En los cambios que nos espera, ojalá que haya medidas valorizables y no medidas recicladas.
[1] Ley N° 29419
[2] PNUMA, 2021. Coalición para el cierre progresivo de los basurales en América Latina y el Caribe (Versión borrador)
[3] Programa de Incentivos a la Mejora de la Gestión Municipal, liderado por el MEF y evaluado y calificado por el Ministerio del Ambiente al año 2019
[4] Resolución Ministerial N° 288 – 2020 – MINAM, que aprueba los indicadores de brechas de infraestructura o de acceso a servicios públicos del Sector Ambiente, para su aplicación en la Fase de Programación Multianual de Inversiones de los tres niveles de gobierno
[5] Decreto Legislativo N° 051
[6] Ley N° 23853
[7] Ley N° 27972. Ley Orgánica de Municipalidades
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